El Solsticio, su verdadero significado
Publicado por Trimurti el 21 Jun 2007 | Categoría: General, Filosofía y Religión, Nacionalismo, Tradiciones, Efemérides
Son dos las fiestas que se festejan tradicionalmente en el transcurso del año: el Solsticio de verano y el de invierno. Para el hemisferio sur, que es nuestro caso, el 21 de junio es el Solsticio de Invierno, y el 21 de diciembre es el Solsticio de verano. Lo contrario sucede en el hemisferio norte.
Vamos a describir, en primer lugar, las características formales de la ceremonia para que luego sea más fácil de comprender el contenido simbólico de la misma.
La fiesta de Solsticio se celebra al aire libre. Las personas se reúnen alrededor de un fogón que representa el Sol. Si imaginamos el Sol representado por un círculo y trazamos dos ejes, quedarían formados los cuatro puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste. Esta cruz representa, además, las cuatro estaciones del año. Quedaría así formada la conjunción del Sol y la Tierra; y nos encontramos aquí con el significado simbólico de uno de los emblemas que hacen a nuestra Cosmovisión.
En el sentido de los cuatro puntos cardinales, se ubican cuatro personas y, entre los respectivos puntos cardinales, las restantes ocho personas que, formando un total de doce, representan los doce sectores del cielo ( o “signos” del Zodíaco), además de formar los sectores intermedios de la Rosa de los Vientos.
Esta costumbre de representar en la Tierra el aspecto del cielo nos habla a las claras de que los antiguos eran grandes observadores de los fenómenos naturales en general y de los fenómenos astronómicos en particular. Testimonio de ello encontramos en los santuarios megalíticos (Stonehenge) que constituyen verdaderos observatorios astronómicos. Nos estamos refiriendo, pues, a una Tradición que se remonta a por lo menos, diez mil años de antigüedad.
Acerca de los germanos y de los galos, sus tradiciones y sus costumbres, nos informan ya los romanos a través de los testimonios de César y Tácito, entre otros. Recién cuando comenzaron a descifrarse las inscripciones rúnicas, se tuvo mayor conocimiento acerca de los antiguos nórdicos ya que es de notar que no tenían conciencia cronológica de la Historia. Por lo tanto, no guardaban un registro conciente de los hechos. En cambio, sí transmitieron su Historia y sus Tradiciones a través de sagas y de leyendas que registran los sucesos heroicos.
El día de Baldur
Los germanos llamaban al día del Solsticio de verano “Baldurstag”, día de Baldur (el Dios de la Luz).
La leyenda cuenta que Baldur era el hijo predilecto de Wotan. Su vida culminaba en primavera. Cuando comenzaba el verano, debía morir. Nanna, se llamaba su esposa. Ella era la custodia de las débiles flores primaverales. Cuando veía muerto a Baldur, se desplomaba sin vida. Con ella se acababa la belleza de la primavera florida. Los Ases (Dioses-héroes de la antigua Tradición), depositaban su cadáver florido al lado de Baldur, que yacía sobre una pira. En la noche del Solsticio de Verano se encendía el fuego para convertir a los difuntos en cenizas.
Contenido simbólico de la ceremonia
La fiesta del Solsticio es una ceremonia mística más que religiosa, y de gran contenido simbólico.
Se conocen tres clases de ceremonias que, aunque no difieren entre sí en cuanto a su contenido esencial, tienen, cada una de ellas, distinto desarrollo formal. Nos estamos refiriendo a la ceremonia popular, a la militar o guerrera y a la mística.
La popular es una celebración de gran algarabía. No tiene las características específicamente establecidas sino, más bien, modalidades folklóricas sujetas a las costumbres de las distintas regiones. El significado de estos festejos, a veces, no es del todo claro y se confunde con el de las fiestas que se celebran en el campo después de la siembra, o de la cosecha, o la vendimia, etc. Una de las costumbres más bellas y vistosas que tienen las fiestas populares del Solsticio, es cuando arrojan desde la punta de un cerro un carro de madera, o simplemente sus ejes, con las cuatro ruedas envueltas en paja y encendidas. Durante la noche, esto constituye un espectáculo impresionante.
La ceremonia guerrera
En circunstancias en que la comarca o país se encontraba en guerra, la ceremonia tenía características guerreras o militares. En esta oportunidad, todo el contexto adquiere un significado diferente. Se recuerdan gestas heroicas pasadas, se rinde homenaje a los caídos por la Patria, se retoman nuevas fuerzas y se desean buenos augurios para aquellos combatientes que parten para la batalla. En definitiva, se trata de una celebración de auténtica camaradería.
Según la tradición de los antiguos, las mujeres formaban detrás de los combatientes, paradas sobre los carros que estaban colocados en círculo y en los que se encontrban sus pertenencias. Alentaban a los hombres en la lucha, mientras ellas defendían y cuidaban el patrimonio familiar. Las jefas o sacerdotisas entre ellas, eran mujeres mayores vestidas de blanco.
Hay que señalar también que las fiestas del Solsticio constituían oportunidad propicia para la instauración de tribunales. Todos los jefes se reunían para formular sus requerimientos. Los Druídas eran los jueces en estas cortes; eran los sabios y su condición estaba directamente relacionada con la edad ya que un Druída tardaba veinte años en formarse. Por ello, se trataba siempre de hombres mayores que constituían un verdadero Consejo de Ancianos sabios.
La ceremonia mística
En la ceremonia mística, se ponía énfasis precisamente en la sabiduría. En verano se conmemora, como dijimos, la muerte de Baldur, el fin de la luz. Si consideramos el contenido de esta sencilla leyenda, debemos reconocer que es uno de los más bellos y trascendentes mitos divinos, en el cual los humanos se unían al Ser Supremo.
Solsticio significa cambio. También esto es significativo. ¿Cambio hacia el bien, hacia lo difícil? De todos modos, cambio hacia lo desconocido.
A la primavera muerta la devoran las llamas del verano. Por eso se tiraban coronas de flores al fuego.
Hay que recordar que los antiguos concedían el mismo valor a la vida que a la muerte. Aunque eran concientes de la arrolladora fuerza de la vida, simultáneamente sentían vida y muerte. No temían a los eternos cambios sino que trataban de comprenderlos, profundizando en las leyes de la vida misma de la Naturaleza.
De allí emanaba su enseñanza de hondo contenido filosófico y místico. En consecuencia, sabían mejor que nosotros que no era el invierno el que cobijaba la muerte, sino el verano.
En la fiesta del Solsticio de invierno festejaban con júbilo y la alegría invadía a las personas. Porque el día más oscuro les anunciaba la resurrección de la Luz, mientras que la noche más clara les anunciaba el comienzo del descenso. Rogaban por la bendición del Sol, porque, formando parte de la Naturaleza, sentían la dependencia del ser humano del Creador. Sentían, además, alegría porque se hubiera cumplido, una vez más, el ciclo solar.
El origen de la Navidad
El Solsticio de invierno (21 de diciembre en el Norte) es también la fiesta del abeto o de la encina sagrada. Tradición ésta que aún hoy guardamos, aunque con el advenimiento del cristianismo, al heredar una Tradición tan profundamente arraigada, debido a sus diez mil años de antigüedad, superpuso a esta Tradición su propio festejo, aunque manteniendo esencialmente el contenido simbólico primigenio.
Antes del siglo V no se le daba importancia al Nacimiento de Cristo, ni existía tal fecha. En el 245, Orígenes aún se oponía a la idea de celebrar la Natividad. Egipto es el primer lugar donde se menciona una fecha (20 de mayo), para gran asombro de San Clemente de Alejandría que no concebía que se celebrase el nacimiento de Cristo como el cumpleaños de un Faraón. Se mencionaron también las fechas del 19 y 20 de abril y la del 6 de enero, de gran aceptación ésta última.
El 25 de diciembre se menciona por primera vez en el año 354, en el calendario de Filocalus. Por aquella época, es de destacar que el Solsticio de Invierno coincidía realmente con dicha fecha, por lo que Filocalus eligió en el 354 el viernes 25 diciembre, 15 días antes de la luna llena.
Se produjeron disputas entre las distintas Iglesias alrededor de las dos últimas fechas mencionadas. De allí nace el doble concepto cristiano de la Epifanía y la Natividad, es decir: el nacimiento según el espíritu y el nacimiento según la carne.
El 25 de diciembre se impone finalmente en Roma durante el Siglo IV, durante el gran renacimiento arriano, por influencia de los cristianos ortodoxos. La costumbre del pesebre, símbolo inequívoco de la Natividad, se halla extendida por España, Italia e Hispanoamérica.
La otra celebración, la del Arbol de Navidad, proviene del Siglo VIII, en que el misionero celta, San Bonifacio, sustituyó los sacrificios que se hacían a la encina sagrada de Odín por un pino adornado en homenaje al Cristo Niño.
La Memoria Heroica
Por último, debemos señalar que la de los antiguos, era una religión sin ritos preestablecidos y sin dogmas. Por ello, la ceremonia del Solsticio no es una ceremonia impuesta; varían, a veces, características formales de su desarrollo, de acuerdo a las distintas regiones y a sus costumbres.
El rito está arraigado en la actividad cotidiana. Por eso, más que un ritual, es una tradición viva. Marca un hito real en la vida de las personas. Marca el comienzo y el fin de sucesos reales, de allí su relación con los fenómenos cósmicos. Es consecuencia directa de la estrecha relación del Hombre con la Naturaleza.
No es tampoco una recordación de hechos históricos, ya que los antiguos - como señalamos antes - no tienen Historia, ni conciencia histórica escrita, sino Memoria Heroica.
Se trata siempre de un festejo íntimamente ligado con lo real y cotidiano de la vida misma y con la naturaleza cíclica de los acontecimientos cósmicos. A estos fenómenos de la Naturaleza se les adjudica un carácter místico y divino, ya que a ellos les es dada la Eternidad, mientras que a los Hombres no.
Por eso es una ceremonia plena de simbolismos, aunque no de ritos fijos y rígidos. A este motivo obedece también el hecho de que no se empleen en las ceremonias siempre los mismos textos. Se suelen recitar versos legados por los poetas, canciones folklóricas, aunque los textos pueden ser también improvisados.
Cosmovisión
La costumbre, en cuanto al significado de la renovación del fuego y su contenido simbólico, es semejante al de la antorcha olímpica.
Dos veces por año se renueva el fuego en los respectivos Solsticios. Se guarda el fuego del Solsticio anterior con el cual se encenderán las antorchas que prenderán el nuevo fogón.
El fuego, o el Sol (la Luz), representa a los hombres y su fortaleza o energía dinámica. La Tierra representa a las mujeres y su fertilidad. Ellas son, además, las guardianas del Fuego Eterno; deben cuidar que nunca se apague o que nadie lo arrebate.
Volvemos a encontrarnos, una y otra vez, con el mismo simbolismo: ya sea en la leyenda de Baldur y Nanna, o en el papel que les toca desempeñar a hombres y mujeres en la guerra, o en el significado mismo de nuestro símbolo. Es siempre la conjunción de Sol y Tierra, en un eterno complemento mutuo.
Y esta es la idea rectora fundamental de toda nuestra Cosmovisión. No creemos en abstracciones racionales ni en sistemas dialécticos en donde la evolución está explicada por la superación de sus componentes, en lucha y conflicto constante. Sencillamente, no vemos “contradicciones” allí donde no las hay en absoluto.
Nuestra Cosmovisión contempla la armónica bipolaridad de los fenómenos naturales. No en constante lucha dialéctica sino como fenómenos dinámicos y esencialmente complementarios.
La tradicional ceremonia del Solsticio está cargada de un vasto contenido simbólico. No tenemos más que analizarlo un poco para comprender que, según nuestra Cosmovisión, el lugar que le corresponde al hombre y a la mujer - dentro de la Naturaleza y la Comunidad - está ampliamente definido.
En esta fiesta del Solsticio, hombres y mujeres fieles al Legado de la Sangre, en todo el mundo, damos testimonio de nuestra Cosmovisión y de nuestra Mística.
Fuente: Revista Libertad de Opinión
el 10 Oct 2007 - 11:07 pm 1 ABSALON TORRES dice …
esto es precisamente lo que ha hecho del sistema católico-romano, el gran “monstruo” religioso que es, al mezclar de forma sutil las creencias antiguas con las ideas seudo-cristianas e implementarlas por fuerza en las diversas culturas del mundo. lo que la biblia advierte como una : prostitución religiosa. Exodo 32:5.
el 19 Nov 2007 - 12:23 pm 2 José Gerardo Suárez dice …
La Biblia no menciona que los primeros cristianos cristianos celebraran el nacimiento de Jesús, solo se hace referencia a celebrar el memorial de la última cena.
Para los cristianos puede haber 2 posturas en este sentido: O que el reino de las tinieblas ha invadido al mundo cristiano, o que Satanás se revuelca de coraje que ya no se festeje el 25 de diciembre a dioses paganos sino a Jesucristo redentor. Cuestión de enfoques.
el 02 Dic 2007 - 6:13 pm 3 AMAGDENA dice …
EL MUNDO NECESITA DE LAS CREENCIAS PARA CONFIRMAR QUIENES SOMOS SIN NI SIQUIERA CREER EN NOSOTROS, ASEGURAMOS TODO POR NECESIDAD Y NO ABRIMOS NUESTROS VERDADEROS SENTIMIENTOS PARA ENCOTRAR RESPUESTAS QUE EXISTEN SI TAN SÓLO TE TOMAS UN TIEMPO PARA TÍ.
el 17 Jun 2008 - 4:35 pm 4 Adriana dice …
Me disgusta que la religion quiera ganar adeptos con el miedo, haciendo creer que Dios es sanguinario, vengativo y cruel con quien no este de acuerdo, con lo que el hombre cree que es su verdad. Para mi el Solsticio solo puede ser un ritual como levanterse y desayunar, o una herejia si mi mente asi lo quiere, las cosas solo son el resultado de lo que nuestra mente y nuestro corazon quiere que sean. Dios y la biblia son solo un manual de convivencia que nos dice que siempre reviviremos el fruto de lo que sembramos y el pago de lo que hablamos.
el 21 Jun 2008 - 12:25 am 5 veronica dice …
amagdena…estoy de acuerdo con vos. el mundo es mucho mas de lo que vemos a simple vista. Habramos los ojos y animemosnos a ver lo que en verdad vale la pena
el 21 Jun 2008 - 11:46 pm 6 aleja dice …
Hoy me comentaron que los cristianos celebraban el nacimiento de Cristo en esta fecha para poder pasar inadvertidos ¿? qué opinan ?
el 30 Ene 2009 - 1:53 pm 7 Tatiana dice …
Estoy pensando en asistir este año a la ceremonia en el Tiahuanacu. Estaba buscando el verdadero significado de la ceremonia y me encontre con este post. Me llama la atencion de sobremanera el la foto del circulo con las llamas, en primera impresion lo relacione directamente con un simbolo cristiano, y despues de leer.. veo que es totalmente diferente..
Estoy de acuerdo con las opiniones aqui expresadas. Yo estoy en un momento de crisis espiritual, donde todo lo que he aprendido.. ahora voy descubriendo que ” no es tan asi”. Es desconcertante, y al mismo tiempo es reconfortante ver mas alla de las imposiciones.
Saludos!
KTW
el 20 Abr 2009 - 6:20 pm 8 daisylein dice …
Hitler: hombre y circunstancia
Introducción
Adolf Hitler nació a las seis y media de la tarde del día 20 de abril de 1889 en el pequeño poblado de Braunau, que situado en las márgenes del río Rin formaba la frontera misma entre Austria y Baviera.
La Europa en que vino al mundo Hitler, la que andando el tiempo habría de destruir, daba una impresión de estabilidad y permanencia en la época del nacimiento de Adolfo.
La casa de Austria, la más antigua de las poderosas dinastías europeas reinantes, que había sobrevivido a los turcos, a la Revolución Francesa y a Napoleón, era una garantía visible de continuidad.
El emperador Francisco José había celebrado ya el cuadragésimo aniversario de la ascensión al trono y aun le quedaba mas de un lustro de reinado.
Las tres repúblicas que Hitler habría de destruir (Austria, Checoslovaquia y Polonia) no existían aun. Cuatro grandes imperios (el de los Habsburgo, el de los Hohenzollern, el de los Romanov y el Otomano) reinaban sobre la Europa media y Oriental. La Revolución bolchevique y la Unión Soviética ni siquiera las imaginaban los europeos. Rusia era todavía la de los zares. En el verano del mismo año de 1889, Lenin, un estudiante de 19 años, en conflicto con las autoridades, huía con su madre de Kazan a Samara. Stalin era el hijo de un padre zapatero remendón de Tiflis, mientras Mussolini, de seis años, era a su vez el hijo de un modesto herrero que vivía en la Romaña desierta.
Se me ocurren muchas preguntas sobre este personaje histórico. Creo que nunca llegaremos a saber si sus actitudes eran las de un cínico maquiavélico o las de una persona poseída de pre conceptos, temores y resentimientos.
Si como todos decían no tenia moral y era un criminal, ¿ cómo pudo conquistar primero a los alemanes y después a una parte considerable del mundo?, ¿ podría haberse Hitler desarrollado en otro lugar que no fuese la Alemania de esa época?. Tendremos que demostrar con este trabajo si su accionar fue solo por la locura del poder desmedido o por un miedo oculto que el albergaba profundamente. Hiltler era una apasionado al siglo XIX y odiaba todo lo moderno, pero ¿era esto tan así?.
Hitler, Hombre y Circunstancia
Adolf era hijo de Alois Hitler y de Klara Poelzl. Su infanciase desarrolló entre un padre duro y pasional y una madre 23 años más joven que el marido, bondadosa y prematuramente envejecida. Llega mas tarde el tiempo de las decisiones: la muerte del padre, la tuberculosis, mal de familia que lo inmoviliza durante meses en el lecho, el desaliento escolar y el fracaso que nunca le permitirá obtener un certificado de estudios, el malestar económico que se crea en esta familia burguesa y sobre todo, la decisión de partir a Viena para realizar su vocación artística inscribiéndose en la academia de Bellas Artes, a pesar de que su madre estaba gravemente enferma.
Será reprobado en el examen de ingreso por dos años consecutivos y no podrá ser admitido en la facultad de arquitectura por carecer de certificado de estudios. Inicia así un periodo oscuro de vagabundeo y decadencia social, lejos de la familia y con su madre muerta.
Hitler conservaba, aún en el fondo de aquel abandono, los valores propios de su clase: orden y decoro; le faltaba solo la disciplina que un carácter intolerante y una educación descuidada no le habían podido proporcionar. De esta lucha por salvar la dignidad, al menos ante los propios ojos, habría extraído una visión darwiniana de la vida, a la que concebía como una lucha perpetua en la que triunfa el mas fuerte y el mas astuto.
Estas terribles experiencias llenaron su vida de odio. Él odiaba a Austria y cruzó la frontera hacia la Alemania que él tanto admiraba. Él escribió:
“Estaba convencido de que el estado de Austria siempre obstruiría a todos los grandes Alemanes… y apoyaría todo lo que estuviera en contra de Alemania… Yo odiaba aquella mezcla de checos, polacos, húngaros, servios, croatas y sobre todo a los siempre presentes judíos. Me convertí en un fanático antisemita.”
El odio de Hitler hacia la pobreza, su devoción hacia el legado germano y su odio hacia los judíos se combinaron para formar las raíces de sus doctrinas políticas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1941, la Oficina de Servicios Estratégicas Unidos encargó al psiquiatra freudiano Walter Langer un inusual y novedoso experimento: psicoanalizar a Adolf Hitler de acuerdo con la información que sobre su persona podía obtenerse entonces en su entorno, gracias al espionaje. Las conclusiones de su informe constituyen uno de los libros más apasionantes que todavía hoy pueden leerse; su titulo, “La Mente de Hitler “.
Al examinar las pautas de conducta del Fò hrer, tal y como las observan sus colaboradores inmediatos, Langer llega a la conclusión de que no se trataba de una sola personalidad, sino de dos y que se alternaban.
El templario Adolf era un individuo muy suave, sentimental e indeciso que contaba con muy poco energía y que nada deseaba tanto como mostrarse agradable y ser entretenido y cuidadoso. Por el contrario, el soldado Hitler era una persona dura, cruel y decidida, con una considerable energía que parecía saber lo que quería y estaba dispuesto a buscarlo y obtenerlo sin detenerse ante nada.
Hitler era un hombre de pueblo, plebeyo de pies a cabeza, con ninguna de las características de la superioridad racial que invocaba siempre. La oratoria era el medio esencial de su poderío, no solamente sobre sus oyentes, sino sobre su propio temperamento. Demostró siempre recelos por la discusión y la critica, incapaz de razonar fríamente, el solo hecho de que fueran puestos en duda sus propias palabras, o los hechos establecidos por el, le sacaba de quicio, no tanto como consecuencia de inferioridad intelectual como porque las palabras e incluso los hechos, eran para el un medio de comunicación racional y de análisislógico, sino ardides para provocar y manejar la emoción.
Hitler odiaba lo intelectual. En las masas diría:
“El instinto lo domina todo y del instinto nace la fe…. mientras la gente común de mentalidad sana estrecha instintivamente sus filas para formar una comunidad del pueblo, los intelectuales siguen su propia ruta como gallina en un gallinero. Con ellos es imposible hacer historia. No pueden utilizarse como elemento de apoyo de una comunidad.”
Uno de los secretos de su dominio sobre un gran auditorio era su instintiva sensibilidad para captar el estado de animo de la multitud, un cierto olfato para adivinar las pasiones ocultas, los resentimientos y los anhelos que bullían en las mentes.
Uno de sus mas acerbos críticos, Otto Strasser, escribió:
“Hitler responde a la vibración del corazón humano con la sensibilidad de un sismógrafo, que le permite, con una seguridad que ningún don consciente puede proporcionarle, actuar como vocero que proclama los deseos más recónditos, los instintos menos admisibles, los sufrimientos y rebeldías personales de toda una nación. Adolf Hitler entra en una sala, olisquea el aire; durante un minuto tantea, se abre paso, capta el ambiente… y de pronto estalla. Sus palabras van como flecha a su blanco, toca cada llaga en el punto sensible, liberando a la masa inconsciente, expresando sus aspiraciones mas íntimas, hablándole de lo que ella deseaba que le hablase.”
La capacidad de Hitler para fascinar a un auditorio ha sido comparada a las artes ocultas del brujo africano o del shaman asiático. Otros la han comparado a la hiperestesia de un médium y al magnetismo de un hipnotista.
Se ha hablado tanto de a naturaleza carismática de la jefatura de Hitler, que es fácil olvidar al político cínico y astuto que había en él. Esta mezcla de cálculo y de fanatismo es la característica peculiar de la personalidad de Hitler.
Cuando Hitler adoptaba racionalmente un camino a seguir, se vapuleaba a si mismo apasionadamente en forma tal que le permitía aplastar toda oposición y que le proporcionaba la fuerza motriz para imponer su voluntad a los demás.
Uno de los manejos habituales de Hitler fue jugar el papel de víctima, acusar a quienes se oponían a él u obstruían sus planes, de agresión y malicia y pasar rápidamente de un tono de inocencia ultrajada al de atronadora indignación. Para el era siempre su contrincante el culpable de todo, y a su vez denunciaba a los comunistas, a los judíos, al gobierno republicano español, a los checos, a los polacos y a los bolcheviques por su conducta intolerable que le obligaba a adoptar medidas drásticas de autodefensa. Cuando Hitler era presa de la cólera parecía perder todo control. Su rostro parecía hinchado por la rabia, gritaba en forma estentórea, escupía un torrente de injurias, agitando salvajemente los brazos y golpeando la mesa o la pared con los puños. De pronto, tan súbitamente como había empezado, se calmaba, alisaba su cabellera, se arreglaba el cuello de la camisa y continuaba hablando con voz normal.
Esta explotación, premeditada y hábil de su propio temperamento se extendía a otras peculiaridades distintas de la ira. Cuando deseaba persuadir o ganar alguien para su causa, era capaz de desplegar un carácter encantador. Hasta los últimos días de su vida conservó un don misterioso que resiste al análisis.
Otra variante de su personalidad era la impresión de inteligencia y de concentrada fuerza de voluntad. Era el líder que dominaba completamente todas las situaciones y que conocía los hechos con tal seguridad que asombraba a los generales y a los ministros a los que citaba para darles ordenes.
Al representar este papel hacia uso de su notable memoria, que le permitía recitar complicadas ordenes de batalla, especificaciones técnicas y largas listas de nombres y datos sin vacilar un momento.
Su rapidez de transición de un estado de ánimo a otro era asombrosa: en un momento dado sus ojos se arrasaban de lagrimas e imploraban y enseguida llameaban coléricos u ofrecían el aspecto vidrioso de la mirada del visionario perdida en el vacío. En realidad Hitler, fue un actor consumado, con el genio histriónico y oratorio necesario para identificarse plenamente con su papel y convencerse de la verdad que estaba diciendo en el momento en que lo decía. Tenia el don de los grandes políticos: captar las posibilidades de una situación con mas rapidez que sus adversarios.
Dilataba los acontecimientos hasta que no estuviera íntimamente convencido pero una vez que se resolvía actuar los hacia valerosamente, asumiendo considerables riesgos. La sorpresa era la forma predilecta de Hitler, tanto en cuestiones políticas y diplomáticas como en la guerra.
No ha habido en la historia régimen político que haya prestado jamas tan cuidadosa atención a los factores psicológicos como la que les dedico Hitler. Este era maestro en el arte de emocionar a las masas, en sus mítines nada quedaba librado a la casualidad, empleaba toda clase de trucos histriónicos para inflamar la tensión emocional. Lograba el efecto hipnótico de millares y millares de hombres desfilando en orden perfecto, la música de bandas compactas, el bosque de estandartes y banderas, las antorchas humeantes y la cúpula de reflectores. La sensación de poderío, de fuerza y de unidad era irresistible y todo ello convergía en un crescendo de excitación en el momento supremo en el que el Fò hrer hacia su aparición. Por paradójico que parezca la personamas afectada por aquellos espectáculos era el propio Hitler.
Hitler se dio cuenta como nadie antes que el de los que podía lograrse combinando la propaganda con el terror. Porque el complemento del poder atractivo de los grandes espectáculos era la fuerza represiva de la Gestapo, de los S.S. y de los campos de concentración, todo ello fortalecido por una propaganda hábilmente orientada.
“La dictadura de Hitler difirió de todas las que le precedieron en la historia en un punto fundamental: fue la suya la primera dictadura del periodo contemporáneo de desarrollo de la técnica moderna, una dictadura que hizo un uso integral de todos los medios técnicos para la dominación de su propio país. Con el empleo de medios técnicos tales como la radio y los altavoces, 80 millones de seres fueron privados de su independencia mental. Así fue posible someterlos a la voluntad de un solo hombre.”
Para utilizar el formidable poder puesto en sus manos, Hitler tenia una ventaja suprema y extraordinariamente rara, carecía de escrúpulos. Era un hombre desarraigado, sin hogar ni familia, un hombre que no conocía la lealtad, que no estaba vinculado a tradición alguna, que no respetaba ni a Dios ni al hombre.
Exigió el sacrificio de millones de vidas alemanas para la sagrada causa de Alemania pero el ultimo año de la guerra estaba dispuesto a destruir al país antes que abdicar de su poderío o de admitir su derrota.
Hitler tenía una desconfianza singular por los expertos. Se obstinaba en permanecer indiferente ante la complejidad de los problemas e insistía, en que cualquier problema podía resolverse solamente con que hubiese voluntad para ello. Schacht, cuyos consejos se negó a escuchar y al que admiraba de mala gana, dijo de él:
“Hitler encontraba con frecuencia soluciones asombrosamente simple a problemas que a otros habrían parecido insolubles. Tenia verdadero genio inventivo… Sus soluciones eran generalmente brutales pero casi siempre efectivas.”
Decir que Hitler era ambicioso no expresa la intensidad de la ambición de poder y del ansia de dominación que le abrazaba. Era la voluntad de poderío en su forma mas tosca y mas pura, la que no se identifica con el triunfo de un principio, porque el único principio del nazismo eran el poder y la dominación como tales. Durante mucho tiempo Hitler logro identificar su propio poder con la recuperación de la antigua situación de Alemania en el mundo y en 1930 muchos hablaban de él considerándolo un patriota fanático; pero tan pronto como los intereses de Alemania empezaron a diferir los de su propio interés, desde el principio de 1943 en adelante, su patriotismo apareció en su verdadero valor: Alemania, como cualquier otra cosa del mundo, era solo un vehículo de su propio poder, al cual era capaz de sacrificar con la misma indiferencia con que sacrificaba las vidas de los que enviaba al frente.
Está tan marcado el resentimiento de la actitud de Hitler, que permite suponer que fue en sus primeras experiencias recogidas de los días de Munich y Viena, antes de la guerra, cuando surgió su deseo vehemente de vengarse de un mundo que lo había despreciado e ignorado. No menos impresionante era su constante deseo de ser objeto de alabanzas. Su vanidad era insaciable y la adulación más torpe la recibía con la complacencia de un homenaje que le fuera debido.
Hiler llegó a creer que él era un hombre con una misión, determinada por la Providencia, y por lo tanto excento de los cánones de conducta de un ser humano normal. Hitler representó su papel”histórico- universal” hasta el último momento, que fue terriblemente amargo. Pero esta fe lo había deslumbrado y cegado ante lo que verdaderamente estaba sucediendo y lo condujo a la arrogante sobre estimación de su propio genio, que lo llevó a la derrota. El pecado que Hitler cometió fue aquel que los antiguos griegos llaman hybris, el pecado de orgullo, de fanfarronería trágica, de creerse un ser sobre humano. Si alguna vez un hombre fue destruido por la imagen que de si mismo había creado, este hombre fue Hitler.
Con las dos únicas mujeres que Hitler demostró mas que un simple interés, fue su sobrina Geli Raubal y la mujer con quien se caso el día antes de suicidarse, Eva Braun.
La habilidad de tomar y sostener una superioridad decisiva en la lucha por la existencia, Hitler la expresaba en la idea de la raza, cuyo papel es tan central en la mitología nazi como la clase en el marxismo.
“Todo la que la humanidad ha alcanzado, ha sido debido al trabajo de la raza aria: fueron los arios lo que establecieron el área de trabajo y erigieron los muros de las grandes estructuras de la cultura humana.”
La creencia de Hitler en la raza, podía ser empleada tanto para justificar el derecho del pueblo alemán a imponerse sobre seres inferiores tales como los rústicos eslavos y los degenerados franceses, como el derecho de los nazis, que eran los representantes de una élite, seleccionados y probados en su lucha por el poder, de gobernar sobre el pueblo alemán.
Lo que Hitler trataba de expresar en su uso de la palabra raza, era su creencia en la desigualdad, tanto entre personas como entre pueblos, como otras de las férreas leyes de la naturaleza. Era apasionadamente contrario a las doctrinas igualitarias de la democracia en todos los campos, económico, político e internacional. Para Hitler la debilidad de la democracia radicaba en que engendraba irresponsabilidad dejando siempre las decisiones a cargo de mayorías anónimas, evitando así resoluciones difíciles e impopulares. Al mismo tiempo el sistemade partidos, la libertad y discusión y la libertad de prensa minaban la unidad nacional. Habitualmente decía el Fò hrer que la discusión era corrosiva. Aseveró un día a las Juventudes de Hitler:
“Tenemos que aprender nuestra lección. Una sola voluntad debe dominarnos, debemos una sola unidad, fundirnos en una sola disciplina, una sola obediencia, una sola subordinación debe impregnarnos completamente a todos, porque por encima de todos nosotros esta la nación.”
Del mismo modo que Hitler asignó al ario todas las cualidades y éxitos que él admiraba, así todo lo que odiaba se personificaba en el judío. Cualquiera que sea la dirección del pensamiento de Hitler, tropezaba con la figura satánica del judío, el judío es el chivo expiatorio universal. Una de las frases favoritas de Hitler era:
“El judío es el fermento de descomposición de los pueblos, a diferencia del ario, el judío es incapaz de fundar un Estado e incapaz así mismo de crear nada, solo es capaz de quitar de robar o de destruir imbuido por el espíritu de la envidia”
A traves de las leyes de Nuremberg de 1935 y del pogrom de noviembre de 1938, hasta la destruccion del Ghetto de Varsovia y los campos de muerte de Mauthausen y de Auschwitz, el propósito de Hitler era claro e indiscutible. Se trataba de exterminar a la raza judía en Europa, empleando el concepto exterminio, no en un sentido metafórico, sino preciso y literal. Cerca de 12 millones de personas, incluyendo a seis millones de judíos, fueron exterminados en el terrible suceso conocido como Holocausto nazi. La historia registra pocos crímenes o acaso ninguno, de tal magnitud y cometidos tan a sangre fría.
La originalidad de Hitler no esta en sus ideas, sino en la forma literalmente terrorífica con que puso manos a la obra para convertir sus fantasías en realidades, en su capacidad incomparable para arbitrar los medios con que desarrollar la tarea. Las cualidades distintivas de su conversación eran la astucia y la brutalidad, una ignorancia enciclopédica y una vulgaridad insondable. Pero esta grosería mental y moral, como la insignificancia de su porte, eran cosas perfectamente compatibles con la brillantez de sus dotes políticas.
Quienes trabajaron junto a él, cualquiera fuese la opinión que ellos tuvieran respecto al hombre, jamás subestimaron el ascendiente que Hitler era capaz de ejercer sobre todos los que estaban en contacto con él.
La prueba definitiva de este ascendiente la encontraremos en las ultimas etapas de esta historia, cuando destruido el prestigio del éxito, con las ciudades alemanas convertidas en ruinas y ocupada la mayor parte del país, esta figura, a quien su pueblo ya no veía ni oía, fue todavía capaz de prolongar la guerra, a traves de la etapa en que todo debía darse por perdido, hasta que el enemigo llego a las calles de Berlín ,momento en que Hitler decidió romper trágicamente el hechizo. En 1945 Alemania se rinde incondicionalmente y en la mañana del 30 de abril de 1945 Hitler se suicida junto a su mujer Eva Braun.
Pero los acontecimientos de los primeros años no pueden comprenderse a menos que se reconozca que en el periodo de 1930 a 1940, en la cumbre de su éxito, el Fò hrer logro persuadir a una gran parte de la nación alemana que en él encontraría un gobernante de cualidades sobrehumanas, un hombre de genio enviado por la providencia para conducir a los germanos a la Tierra Prometida.
Conclusión
Como conclusión podemos decir que el motivo central de la vida de Hitler y en la vida de las masa que lo siguieron era el miedo. Hitler estaba evidentemente y desde muy joven, bajo la presión de la angustia. Y nunca pudo expulsarla.
Primero fue el temor austro- alemán de ser racialmente oprimido, mas tarde, en Viena el temor del hijo de una familia de clase media a caer en la escala social. Pero existió también el miedo de una convulsión social mas amplia, cuyo aspecto mas visible es resumido en la expresión revolución industrial, el miedo a una era nueva y extraña anunciada por un proceso amplificado de emancipación.
Otras motivaciones del miedo pueden ser observadas mas tarde, después de la primera guerra mundial, en las masas pequeños- burguesas que se sentían igualmente amenazadas de descender en la escala social, mientras el sentimiento latente de vivir en una época de grandes crisis era confirmado por la visión de la revolución que partiendo de Moscú, procuraba conquistar primero a Alemania y después al mundo.
El éxito de Hitler se basó en buena parte en la capacidad de emplear su gran talento retórico para transformarse en el portavoz de esos temores y para transformar la atmósfera de pánico en agresión o por lo menos en un sentimiento de fuerza. Él proclamaba conocer el camino de la salvación, la manera de recuperar la honra y de estimular la grandeza. Hitler creció en el papel del “salvador”.
Puede ser verdad que un movimiento de masas, fuertemente nacionalista, antisemítico y radical, podría haber surgido en Alemania sin un Hitler. Pero en cuanto se refiere a lo que realmente sucedió, las evidencias no dejan duda alguna acerca de que ningún otro hombre desempeño un papel remotamente comparable en la revolución nazi o en la historia del Tercer Reich como el desempeñado por Adolf Hitler.
Desde la remilitarizacion de la Renania hasta la invasión de Rusia, consiguió una serie de triunfos en la diplomacia y en la guerra que le proporcionaron una hegemonía sobre el continente europeo solo comparable con la de Napoleón en el apogeo de su fama. Si bien es cierto que esos triunfos no se habrían podido conseguir sin un pueblo y sin un ejercito dispuestos a servirle, fue Hitler quien aportó las dotes de dirección, el olfato para percibir las oportunidades, la audacia para aprovecharlas. Sus equivocaciones aparecen evidentes y su derrota inevitable, pero lo cierto es que se necesitaron los esfuerzos combinados de las tres naciones mas poderosas del mundo para quebrar su dominio sobre Europa.
El que su carrera acabase en fracaso, el que su derrota se debiese a sus propias equivocaciones, son cosas que no bastan para invalidar el título de Hitler al calificativo de grande. Esas facultades extraordinarias iban unidas a una egolatría perversa y estridente, a un cinismo moral e intelectual. Su carrera no constituye una sublimación sino un envilecimiento de la condición humana y su dictadura de doce años esta exenta de toda clase de ideales, salvo de uno: el extender cada vez mas su propio poderío y el de la nación con la que se había identificado a si mismo. Se ha dicho con frecuencia que solo en Alemania habría sido posible que subiese Hitler al poder. Se puede afirmar que en el desarrollo histórico de Alemania, se daban ciertas características favorables al desarrollo de un movimiento de esa clase.
Cuando se dice que los hombres hacen la historia, se concentra toda la culpa en un solo hombre y consecuentemente, se disculpa a la masa de seguidores y de aprovechadores.
Todo lo que es típico del nacional socialismo, todo lo que lo distingue de otros movimientos fascistas es impensable sin Hitler. Los hechos sin Hitler, sin el dinamismo y la inmensa energía que él imprimía a todo, así como desde el punto de vista moral del nuevo y desconocido barbarismo que él trajo. Sin Hitler, el nacional socialismo ni siquiera seria un movimiento de importancia semejante al del fascismo italiano, habría permanecido como una fuerza secundaria, como cualquier grupo extremista, no seria mas que un fenómeno periférico de la política.
Pero es preciso decir que no fue solo el pueblo alemán el que durante la década del 1930 prefirió no enterarse de lo que estaba ocurriendo. Los británicos y los franceses en Munich, los italianos socios de los italianos en el pacto de acero, los polacos que apuñalaron por la espalda a los checos por la cuestión de Teschen, los rusos que firmaron el pacto nazi sovietico para repartirse a Polonia… Todos ellos pensaron que podrían librarse de Hitler por el soborno o que podrían servirse de él para sus propias finalidades egoístas. No lo consiguieron.
Hitler fue, a decir verdad un fenómeno europeo tanto como un fenómeno alemán. En Alemania Hitler destruyó muchas estructuras superadas, liquidó las viejas clases. La modernidad que creó, o cuyo camino preparó, no correspondía a la imagen interna que lo inspiraba. Le gustaban la antigò edad clásica y el siglo XIX, pero para alcanzar sus objetivos, tenia que preparar el terreno de la modernidad. La guerra de conquista que orquesto desde el principio, así como la dominación de vastas áreas, exigía tanto un nuevo hombre, liberado del burgués del siglo XIX, como exigía también el estado industrial; moderno, funcionalmente estructurado, que Hitler detestaba. El no podía tener una cosa sin tener la otra.
Hitler veía con absoluta claridad su relación con Europa. Se rebeló contra el sistema, no precisamente en Alemania, sino en Europa, se rebelo contra el orden burgues-liberal, que para él estaba simbolizado por Viena, la ciudad que antaño lo había rechazado de sí. Como sea, él destruyó tanto la vieja Alemania como la vieja Europa. Pero también consiguió que casi todos sus temores se realizasen. Aceleró fuertemente la ascensión de la era democrática e igualitaria contra la cual luchó con desesperada energía, apresuro también el fin de la división entre naciones gobernadas y naciones esclavizadas, volvió posible la creación del Estado de Israel y acerco a Europa a la Rusia soviética, la misma que quería expulsar mas allá de los urales. Y finalmente, termino por destruir el mundo burgués que había simultáneamente odiado y admirado.
Su misión, la misión en que ni un solo instante dejo de creer, era destruir todo eso y en ese propósito, el mas hondamente sentido de todos los suyos, no fracaso.
Bibliografía
Mein Kampf (traducción inglesa por James Murphy. Londres 1935).
My New Order (Discursos de Hitler 1922- 1941. Editado por el conde Raoul de Roussy de Sales. New York 1941).
Hitler, Adam Bullock.