Ejemplos de valor del Japón durante la IIa. Guerra

Publicado por JNSA el 03 Sep 2007 | Categoría: Historia, Nacionalismo, Fuerzas Armadas

El último combate del Superacorazado Yamato

El acorazado acababa de ser reparado de los daños sufridos durante la batalla de Leyte, y fue inmediatamente enviado a bloquear a la flota americana que se dirigía a Okinawa (batalla final de la guerra). La orden era simple: disparar hasta agotar las municiones para hundir el mayor número de unidades enemigas.

La empresa confiada al superacorazado era una misión “sin esperanzas”, como la de los pilotos Kamikaze, que se lanzaban al grito de ¡Banzai! hacia los barcos enemigos. La suya también era una empresa suicida. El Yamato, al igual que otras naves de la flota, no tenía combustible para regresar a Japón, pues la idea era embarrancar en la costa de Okinawa.

Pocos minutos antes de la salida, el Almirante Ryunosuke Kusuka quiso subir a bordo para despedir por última vez a la gloriosa tripulación. En aquella ocasión dio la orden a los hombres de llegar a tierra firme, una vez disparados todos los proyectiles disponibles, para unirse a la guarnición de Okinawa y pelear con ella en la defensa final de la isla (sí, marineros en tierra firme). En cualquier país hubiese sido común una negativa como respuesta, sin municiones, sin combustible, agotados por la guerra y con una derrota segura. Pero ellos eran Guerreros Japoneses, y los 3500 hombres de la tripulación de la gigantesca nave, agitaron las gorras y gritaron: “¡Banzai!”

El último piloto Kamikaze

En Kyushu, en la base aérea de Oita, el Almirante Ugaki se preparaba para la última misión Kamikaze de su destacamento, mandada por él mismo. En su diario escribió:

“Muchas son las causas que han llevado a Japón a esta situación. Yo debo asumir mi responsabilidad. De todos modos, considerando las cosas desde un punto de vista general, la causa principal ha sido la diferencia de fuerza entre las dos naciones (Japón y EEUU). Espero que no sólo los militares, sino los japoneses todos, afrontarán los tiempos duros, reavivarán el Yamato y harán todo lo posible por reconstruir la nación, de modo que el Japón pueda tomar en el futuro su venganza. Yo, por mi parte he decidido servir a mi país para siempre.”

Ugaki se presentó en el campo de aviación con el uniforme cubierto de todas sus condecoraciones, un par de prismáticos y una corta espada Samurai regalada por Yamamoto. El plan preveía un ataque de tres aparatos, pero ya preparados sobre la pista había once bombarderos. Ugaki subió a una plataforma baja y preguntó a los pilotos reunidos con él si estaban tan deseosos de morir con honor. Todos levantaron la mano, entonces el Almirante se montó en la cabina detrás del piloto de cabeza. El sargento mayor Akiyoshi Endo, cuyo puesto había sido ocupado protestó: “¡Ese es mi lugar!”. “Te he destituido”, respondió Ugaki esbozando una sonrisa. Sin dejarse desanimar, Endo se subió al aparato y trató de meterse en el asiento junto al almirante. Ugaki, cortésmente, le hizo sitio.

Cuatro de los bombarderos tuvieron que volver atrás por averías en el motor, pero los demás siguieron a Okinawa. A las 19:24 Endo transmitió por radio el apasionado mensaje de adiós de Ugaki:

“Solo mía es la culpa de nuestro fracaso en defender la Patria y destruir al arrogante enemigo. Los valerosos esfuerzos de todos los oficiales y hombres a mis órdenes en el curso de los últimos seis meses han sido muy apreciados por mí. Voy a lanzar un ataque contra Okinawa, donde mis hombres han caído como flores de cerezo. Me precipitaré allí contra el odiado enemigo, destruyéndolo en el verdadero espíritu del Bushido, con firme convicción y fe en la eternidad del Japón Imperial. Estoy seguro de que todos los hombres a mis órdenes comprenderán mis motivos, superarán todas las dificultades del futuro y pelearán por la reconstrucción de nuestra Gran Patria para que pueda sobrevivir para siempre. ¡Viva su Majestad Imperial!”.

Pocos minutos después Endo comunicó que el avión se estaba precipitando sobre el objetivo.

Hombres de enorme valor, que en el país de la “igualdad y el no-racismo”, Estados Unidos, se los denominaba como “monos amarillos”.

Desde la infancia, cuando escucho que en la historia existieron guerreros como ellos, se me hinchan los pulmones y me late fuerte el corazón, porque el heroísmo es glorioso, pero cuando tenés todas en contra: “EL FANATISMO NO TIENE SUSTITUTO”.

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Nota realizada por el Camarada Julián Cortéz, militante de la Sección Barrial de la Juventud Nacionalista Social Argentina del Partido Nuevo Triunfo, para la revista “Sangre Joven”.

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3 Respuestas a “Ejemplos de valor del Japón durante la IIa. Guerra”

  1. el 29 Sep 2007 - 3:15 pm federico dice …

    Los kamikazes eran verdaderos hombres de honor en el Japón del Imperio de Sol Naciente; volvieron los antiguos ideales de los samurais, los códigos bushido. Se puede perder todo, menos el honor. Cuando a los pilotos se les preguntó si se harían kamikazes en honor al viento divino que destruyó una invasión mongol, para parar el avance del enemigo, estos respondieron “sería un honor morir por el Emperador”.

    Cuando Kalki llegue al poder, rescatemos de nuestra cultura la memoria de los guerreros de la Independencia. Va a volver a ser un honor morir por la Patria.

  2. el 26 Ene 2008 - 1:23 pm Víctor Scilletta dice …

    Los japoneses han sido crueles, sobre todo con el pueblo chino que quisieron conquistar, pero todo lo demás (Pearl Harbor por eje.) a mí no me meten el dedo en la boca los yankis. Igual que los alemanes, nos han dejado muestras suficientes de valerosos guerreros e hinchados de patriotismo que debiéramos imitar.-

  3. el 23 Jun 2008 - 12:03 pm Stuka dice …

    No se puede homenajear el guerrero japones sin pensar en una unica palabra. “HONOR”.

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