Bergoglio oficiará una misa en memoria de Rucci
Publicado por Enviado el 24 Sep 2007 | Categoría: General, Actualidad, Sociedad, Derechos Humanos
El cardenal primado de la Argentina y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, oficiará mañana una misa en memoria de José Ignacio Rucci, al cumplirse 34 años del asesinato del entonces secretario general de la CGT.
Bergoglio accedió al pedido de amigos y familiares del sindicalista -asesinado el 25 de septiembre de 1973- para que el nuevo aniversario de su muerte sea conmemorado en la Catedral Metropolitana.
El asesinato de Rucci fue reivindicado por la organización armada Montoneros, algunos de cuyos integrantes forman parte del actual gobierno y puede ser motivo de un nuevo desencuentro entre el titular de la Iglesia Católica y la administración de Néstor Kirchner.
En ese aspecto, el purpurado fue cuestionado por organismos de derechos humanos, tras invocar el perdón, el arrepentimiento y la reparación por lo ocurrido en los años 70 y por el propio Kirchner luego de que la Iglesia pidiera en un documento no hacer una revisión sesgada del pasado.
El cardenal mantiene una relación tirante con el Gobierno y voceros oficiales suelen sugerir que el prelado es uno de sus más enconados opositores.
De hecho, a poco más de un mes para las elecciones, del oficio religioso participarán sectores peronistas opositores al Gobierno, encabezados por el candidato del PJ disidente, Alberto Rodríguez Saá.
El reelecto gobernador de San Luis espera ser recibido por Bergoglio, de buena relación con varios dirigentes opositores, entre quienes se destacan la titular de la Coalición Cívica, Elisa Carrió; el mandatario porteño electo, Mauricio Macri, y su vice electa, Gabriela Michetti.
Además, voceros del secretario general de la CGT, Hugo Moyano, no descartaron la participación del sindicalista, a quien se le podrían sumar otros dirigentes gremiales.
El vínculo entre Moyano y Kirchner enfrentó algunos reveses en los últimos tiempos, afectado por el armado de las listas legislativas -en las que el sindicalismo no obtuvo lugares de peso-, por la interna en la CGT y por la posibilidad de que el Gobierno le otorgue la personería jurídica a la CTA.
Fuentes: El Tribuno y Red Kalki
el 25 Sep 2007 - 1:51 pm 1 seba_elcano dice …
José Ignacio Rucci. Argentino y Peronista. 25 de septiembre de 1973. Recordando a un compañero y amigo y a quienes lo mataron… Para los cuales no hay ni olvido ni perdón…
En agosto de 1973 se reunieron por directivas de Mario Eduardo Firmenich (NG: “Pepe”) y Roberto Quieto (NG “Negro”) los integrantes de la Conducción Nacional de Montoneros y decidieron llevar a votación la muerte, el asesinato de un dirigente obrero peronista. Todos los jefes estuvieron de acuerdo: “Pepe”, el “Negro”, “Nicolás” (nombre legal: Fernando Vaca Narvaja), “Marquitos” (nombre legal: Marcos Osatinsky). Luego se sumarían los apoyos de Roberto Cirilo Perdía (NG: “Pelado Carlos”), Norberto Habbeger (NG: “Cabezón”), Norma Esther Arrostito (NG: “Gaby”), María Antonia Berger (NG: “Anita”, Horacio Mendizábal (NG: “Vasco”) y Rodolfo Galimberti (NG: “El Loco”). El blanco elegido: el secretario general de Confederación General del Trabajo de la República Argentina (CGT), José Ignacio Rucci. El motivo: desafiar al general Perón y mostrarles que la banda armada existía y que de ahí en más debía ‘negociar’ con ellos.
Previamente el jefe de la Regional I de la JP (organismo de superficie de la banda armada montoneros), Juan Carlos Dante Gullo (NG: “Canca”) había comenzado una tarea de acción psicológica, pues había ordenado a sus integrantes que se pintaran consignas y se las repitieran en los actos. Dicha consigna era cortita, pero siniestra: “Rucci traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor”. Los “jefes” dispusieron que la “acción militar” contra el dirigente obrero debía concretarla la “Columna Capital” de Montoneros. Dicha “Columna” estaba integrada por los siguientes “oficiales”: Jefes: Horacio Mendizabal, Roberto Cirilo Perdía y Norberto Habbeger (todos ellos miembros de la CN) y Francisco Urondo (a) “Paco”. “Subjefes”: Juan Julio Roqué (NG: “Lino”), Lorenzo Konkurat, Julio César Urien (ex guardiamarina) y Lidia Mazzaferro. “Nexos” con las organizaciones de superficie: Norberto Ahumada (NG: “Beto”), Juan Carlos Dante Gullo, Luis Roberto Lagraña y Miguel Angel Ponce. Las tareas de “inteligencia”, que les demandaron unos cuatro meses a los asesinos, estuvo a cargo de Antonio Nelson Latorre (NG: “Pelado Diego”) y Rodolfo Walsh (NG: “Esteban”). Ambos “oficiales de inteligencia” de Montoneros. Contaron con la “colaboración” de los muchachos de la JTP de FOETRA, para pinchar los teléfonos y munirse de ropa de técnicos y credenciales.
La planificación la hizo Francisco Urondo (NG: “Paco”) subsecretario de Cultura de la provincia de Santa fe, durante la gestión de Carlos Sylvestre Begnis, Roberto Cirilo Perdía (NG: “Pelado Carlos”), Horacio Mendizábal (NG: “Vasco”), NG: “Pippo”, Juan Julio Roqué (NG: “Lino”) y NG: “Sebastián”. Para oficiar de ‘fusilero’ se eligió (Conducción Nacional mediante o Carolina Natalia, según el argot ‘montonero’) a “Lino” que había cumplido similar tarea en el asesinato del general Juan Carlos Sánchez, comandante del II Cuerpo de Ejército, siendo integrante de las FAR, el 10 de abril de 1972, según delató de la guerrillera Graciela Yofre.
Roberto Cirilo Perdía (alias) “Pelado Carlos” utilizó una itaka y “Lino” un FAL. Hubo otros, pero hacían la operación de distracción. Los disparos efectivos que mataron a Rucci partieron indiscutiblemente de las armas de estos dos, que tenían la ‘mejor visión’ de tiro. Antes de las elecciones que darían el triunfo a la formula Perón-Perón los directivos de la banda armada se reunía en la avenida Rivadavia 9070 de la Capital Federal, sede de la Secretaría Política de Montoneros, donde ponían a punto el ataque al secretario sindical.
Mientras tanto José Ignacio Rucci disfrutaba del triunfo popular –al cual él tanto había contribuido- y repasaba en la piecita que estaba en la terraza del local de la CGT, el mensaje que en nombre del Movimiento Obrero Organizado, iba a leer el 25 de septiembre en canal 13 de televisión, y que entre otras cosas decía:
“Ahora el fragor de las luchas ha pasado a convertirse en historia. La realidad de nuestros días es la unión, el trabajo y la paz. Por primera vez en 18 largos y sacrificados años se ha expresado sin limitación alguna, con absoluta soberanía, la voluntad popular. Ninguna sombra del pasado podrá interponerse ahora para que los argentinos marchemos unidos y solidarios, hasta la construcción de la Argentina potencia. Los trabajadores han contribuido al proceso de liberación y a la modificación de las estructuras caducas y la destrucción se ha operado no sólo en los aspectos materiales de lo que fuera una nación próspera y libre, sino en la conversión en una colonia empobrecida, dependiente, opresora e injusta. Hubo un proceso distorsionador en el ámbito espiritual y cultural, cuyas consecuencias no han podido ser erradicadas del todo y aún las seguimos viviendo y soportando. Significa esto que a la recuperación plena del poder adquisitivo de los salarios, a la valorización del trabajo a la creación de nuevas riquezas, es necesario agregar la pacificación de los espíritus, requisito indispensable para encarar un proceso de reconstrucción y la reconquista de los valores nacionales, cuya vigencia absoluta asegurará la elección de los mejores caminos para arribar al objetivo común. Sólo por ignorancia o mala fe se pueden exigir soluciones inmediatas para problemas que fueron profundizados durante tantos, años; no se puede apelar a la violencia rayana en lo criminal, en un clima de amplias libertades e igualdad de posibilidades; no se puede seguir abrigando ambiciones y privilegios, creando condiciones injustas, burlando las leyes, impidiendo o saboteando la consolidación de un proceso que ha sido aprobado por la mayoría del país. En este aspecto, las delincuentes comunes que se resisten a amalgamarse en una sociedad productora, son parangonables con los delincuentes políticos y económicos, empeñados en defender un estado de cosas que no puede seguir ya en vigencia. También en este aspecto resulta tan perniciosa para la Nación la subsistencia de pretensiones liberales injustas, como la acción dé los grupos de ultraizquierda o derecha, que en los países hermanos contribuyen entre sí para abortar las posibilidades de una política popular. Nadie podrá negar que ahora las leyes se apoyan indiscutiblemente en el consenso mayoritario y, por tanto, no existe argumento alguna que justifique su incumplimiento. Sólo el acatamiento estricto de la ley nos hará realmente libres, pero el acatamiento deberá ser parejo, como parejas habrán de ser las sanciones, a quienes pretenden seguir imponiendo sus convivencias sectoriales por encima de las necesidades auténticas de la comunidad. Las leyes emanadas del gobierno del pueblo, elaboradas por los representantes del pueblo, habrán de regir la convivencia argentina, asegurar los derechos de todos para frenar a cualquier acción ilícita y por lo tanto antinacional y antipopular. Sólo de esa manera se garantizará la paz y la unidad de los argentinos, y se cimentan las bases sobre las cuales las nuevas generaciones, nuestra maravillosa juventud, irá produciendo el indispensable trasvasamiento que la acercará al futuro y el logro de sus mejores destinos. Esa juventud comprende que la etapa de la lucha ha sido superada, y hoy el campo de batalla se centra en la reconstrucción hacia la liberación de la patria y la realización integral del pueblo. Este es el pensamiento de la clase trabajadora organizada. Debemos lograr el robustecimiento de la unidad latinoamericana y del Tercer Mundo, contra toda forma de imperialismos, la subordinación a las centrales continentales o internacionales, quienes sirven a la política imperialista de cualquier signo. La reconstrucción de la Patria es una tarea común para todos los argentinos, sin sectarismos ni exclusiones. La liberación será el destino común que habremos sabido conquistar, con patriotismo, sin egoísmos, abiertos mentalmente a una sociedad nueva, para una vida más justa, para un mundo mejor”.
A las 12.11 de ese 25 de septiembre el terrorista conocido como “Pelado Carlos” dio la orden de tirar, pues Rucci acababa de salir del domicilio de calle Avellaneda 2953 del barrio de Flores. El “Pelado Carlos” y “Lino” dieron comienzo a la ejecución. Con dos itakazos y dos fusilazos lo liquidaron y huyeron.
Después con el humor propio de la mafia dijeron que el asesinato de Rucci era el “Operativo Traviata”, porque el dirigente obrero peronista “tenía veintitrés agujeritos”.
El Conductor del Movimiento Nacional lloró por primera vez en público y dijo: “Me cortaron las patas…”