Lecciones aprendidas sobre los fanatismos - por el Cnel Arquímedes Cabrera
Publicado por nacionuruguay el 27 Sep 2007 | Categoría: Opinión, Política, Derechos Humanos, Fuerzas Armadas
Es año de grandes acontecimientos históricos. El mundo mira azorado como un fanático líder musulmán sentencia a muerte al escritor indio nacido en el territorio de Cachemira Shalman Rusti por osar editar su libro “Los versos satánicos”, en el que según los eruditos del Coran, satiriza al profeta Mahoma y a la religión islámica.
Mientras esta “Fatua” es proclamada a todas las comunidades islámicas del planeta, desde la fronteriza ciudad de Peshawar, Osama Ben Laden orienta a sus iniciados de “Al Qaeda” en las Madrasas del sur de Pakistán, hacia una cruzada contra el mundo occidental, que ajeno a la nueva amenaza, asiste a la retirada de las fuerzas de la Unión Soviética de Afganistán. Ante el regodeo de la CIA y sus aliados pakistaníes quedará en las brutales manos de los “Talibanes”. La sombra del 11 de septiembre comenzaba a germinar.
Es el año de 1989; el mismo en que la Comunidad Internacional otorga en Oslo el Premio Nóbel a los Cascos Azules por su contribución a la Paz del mundo.
Desde la radio de Rajouri, un lejano puesto de Observadores Militares de la misión de Observadores Militares de Naciones Unidas en India y Pakistan (UNMOGIP), pueblo natal del autor de los “Versos Satánicos”, escucho conmovido el mensaje del Jefe de Operaciones de UNMOGIP (United Nations Mision Observation Group India-Pakistan): - “ El Secretario General ha decidido que concurra a Oslo a recibir el Premio Nóbel de la Paz un representante de esta Misión y el General Parker (Comandante de UNMOGIP) ha decidido que sea el oficial de la derecha de Uruguay”.
Como Jefe de aquel solitario puesto, intento transmitir mi beneplácito al Mayor uruguayo más antiguo de los cuatro desplegados en esa misión, que desde otro puesto en los impenetrables Himalayas, recibía el mensaje. Sin embargo, un manto de dudas y preocupación, ensombrecieron el anuncio. Su nominación presagiaba nubarrones. Grupos de activistas de Derechos Humanos reclamaban su responsabilidad en Uruguay sobre la desaparición de un elemento insurgente durante los tórridos períodos de la guerra antisubversiva librada en nuestro País por decisión del gobierno democrático. Como de costumbre, nunca contarían con evidencias contundentes.
Poco tiempo después, nuestro camarada viajará a la capital de Noruega donde junto con otros representantes de las diferentes misiones de Paz de ONU desplegadas a lo largo y ancho del mundo fueron congregados en Oslo para el evento.
UNMOGIP es una misión emblemática de ONU. Uruguay debería haber sentido orgullo de este privilegio. Sin embargo el estigma revanchista ya había comenzado a surtir sus efectos corrosivos y este acontecimiento pasaría desapercibido como tantos otros en nuestro lejano y ajeno país.
Pocas semanas después de aquel histórico acontecimiento en Oslo, mi nuevo puesto es la Capital de la Cachemira pakistaní, Muzafarabad. Mis largas horas de rutina en la radio se alternan con actividades meramente protocolares con los comandantes pakistaníes y algunas visitas al “Chakoti Croosing Point” (CCP). Punto de pasaje de nuestros Observadores Militares desde el territorio indio al pakistani o viceversa, a partir del cual debía asegurarles alojamiento y transporte para continuar su viaje dentro territorio pakistaní.
Las largas horas de vigilia y soledad entre cruce y cruce, eran matizadas por los contactos periódicos de radio con el Cuartel General de la Fuerza, instalado durante seis meses del lado indio y otro tanto del pakistaní.
Muzafarabad, centro poblado importante, cuenta con algunas carreteras asfaltadas que recorren los espectaculares precipicios, valles y quebradas que la rodean. Así que decidí visitar los alrededores, montando una pesada bicicleta china adquirida en Rawalpindi. Auxiliado por mi cocinero pakistaní, un viejo guerrero pushtu de pronunciado mentón barbado, que ceremoniosamente me ilustraba sobre los encantos de compactos cañones que rodean Muzafarabad, preparaba mis travesías por aquellas maravillosas montañas.
Una tarde, parto como de costumbre para visitar un valle próximo, cargando una mochila provista de refrigerio liviano y mi carné de identificación como observador militar.
Al arribo a una remota villa, soy detenido por un puesto de control militar, donde se me requiere documentos. Como los guardias conocían poco ingles y yo ni hablar de urdu, deciden retenerme.
Inquietante espera en una rústica sala de piedra y chapas. Entra un oficial. Luego de identificarme, me anuncia que en virtud de la situación tensa creada por la llamada del Ayatollah Komehini a la ejecución del autor de “los versos satánicos”, la seguridad de cualquier extranjero estaba muy comprometida por aquellos territorios. Los milicianos locales estaban muy activos contra todo lo que no era musulmán. Me aconsejó regresar con precaución.
Desando mi camino y luego de la empinada pendiente que sinuosamente alcanza la cima de la montaña que me separaba del seguro refugio de mi puesto en Muzafarabad, hago un alto para reponer energías. Mientras observaba el profundo valle que me ofrecía el esplendido panorama de grises azulados, advierto el sonido de un motor. Gritos disonantes pronto se tornarán amenaza. Una “van” con varios guerreros musulmanes se detiene a mi lado. Milicianos chitas enardecidos saltan del vehículo apuntando sus armas y espetando sonoras frases en pushtu y urdu, para mi ininteligibles.
“United Nations”, “UNMOGIP” y “Military Observer”, eran mis respuestas manos en alto, que sencillamente procuraban evitar una ejecución sumaria en aquel desolado lugar, donde nadie podría socorrerme. Ante la exhibición de mi carné de ONU y la decidida actitud de identificarme, los exaltados guerreros dudan.
En aquellos momentos, ignoraba que pocas horas antes habían prendido fuego la embajada de Estados Unidos en Islamabad y peor aún, identificaban a las Naciones Unidas con los representantes de las potencias demoníacas que patrocinaron la blasfemia al profeta Mahoma.
La pregunta en gangoso inglés del que parecía ser el líder lucía a sentencia: “Are you muslim?”(Es musulmán?). Mi preparación previa, me indicaba que antes que decir que no; había que por lo menos, aducir ser cristiano. Esto de alguna manera significaba un atenuante y tal vez no sería considerado un demonio. “No I am Christian!!!”(No, soy cristiano) repetía jugando mi ultima carta. Este simple interrogatorio, era la línea tenue entre la vida y una ejecución sumaria con los himalayas como testigos.
Dudan, y el supuesto líder camina hasta la camioneta donde en el lugar del acompañante un musulmán de turbante, barba roja y feroces ojos negros centelleantes trata de descifrar mi identificación perteneciente a la fuerza de UNMOGIP de Naciones Unidas.
Mientras varios AK-47 apuntan a mi cabeza, soy conducido hasta el vehiculo. El hombre de barba roja me reitera la pregunta: “Muslim?”. Como un rayo mi mente vuela. De Premio Nóbel de la Paz, estaba en la mira de varios AK-47 por no profesar la religión oficial del país que estábamos protegiendo de una segura invasión de la vecina India, que de no ser por nuestra presencia, fácilmente los podría aplastar con su avasallante poderío militar.
“Muslim, muslim!!!??? Repetía el líder del grupo, mientras sus ojos se encendían cada vez más y sacudía mi identificación de ONU. Poco le interesaba mi investidura y la inmunidad que reclamaba en varios idiomas el carné de tapas azules que burocráticamente el Jefe de Personal de ONU me había suministrado al arribo al área de misión.
Conciente de la suerte que correría de no jugar adecuadamente las pocas cartas con las que contaba, saco mi insignia uruguaya y trato de explicar: “Uruguay, Christian, Unmogip!!!! We are not United States!!!. Inmutable y ya con evidente intención de liquidar la discusión, el barbado jefe de turbante reitera en su primitivo ingles: Muslim or not?;- Christian, Christian!!! Fue la respuesta a la que decidí aferrarme y sabía, sería la única que podía salvarme.
Con gesto despectivo, arroja la identificación y espeta algunas órdenes en urdu. Como por arte de magia el resto de la chusma salta a la camioneta y en una acelerada furibunda hace disparar guijarros sobre mi disminuida humanidad que estupefacta, observa como mis amenazadores verdugos se alejan montaña abajo.
Pocos días después de esta experiencia, retorno al cuartel general de la fuerza en Rawalpindi y me encuentro con una situación extraña y tensa. Un grupo de periodistas, se habían hecho presentes en el Cuartel General para entrevistar al supuesto violador de derechos humanos uruguayo que había sido designado por ONU para recibir el premio Nóbel de la Paz en Oslo. ¡La Misión más vieja y emblemática de Naciones de Unidas había sido condecorada en la persona de un represor del Ejercito Oriental!
El General irlandés Jefe de Observadores, en conocimiento de las intenciones, prohibió entrevistas y los oficiales de varias nacionalidades allí presentes, incluidos los europeos y suecos, hacen un bloque común negándose a dar ningún tipo de declaración.
Como definirían los seudo defensores de DDHH a eso? Plan Cóndor de la comunidad internacional?. Tal vez algunos intelectuales antimilitaristas podrán definirlo como solidaridad entre quienes profesan la misma cultura: La milicia.
Sin embargo aquellos caballeros que lucían orgullosos en sus uniformes nacionales la Medalla del Premio Nóbel de la Paz otorgado por la comunidad internacional, cerraron filas en derredor del camarada oriental injustamente calumniado y rechazaron todo tipo de cooperación a aquellos ávidos cazadores de notas.
Sin embargo, el daño ya estaba surtiendo efecto y continuará proyectándose hasta nuestros días. Ninguna noticia que refleje cosas positivas, de las que los orientales tienen para enorgullecerse de sus FFAA como las Misiones de Paz por ejemplo, ocupará lugar de relevancia en los medios de comunicación uruguayos.
Lecciones aprendidas…Irónicamente, un grupo exaltado de guerreros musulmanes, en el paroxismo de su resentimiento contra sus enemigos religiosos, pudieron discernir dentro el arrebato de su rencor y tener un gesto magnánimo de justicia.
En Uruguay, irónicamente a más de treinta años de haber sido derrotados militarmente, el odio ideológico, impedirá a un grupo fanatizado, abrigar sentimientos de reconciliación nacional, frustrando cualquier acto de ecuanimidad hacia sus odiados enemigos. De este modo solo excitarán más fanatismo ideológico.
Y pensar que las exacerbaciones religiosas encarnan la principal amenaza a la Paz.
De: www.ucn-uruguay.blogspot.com

