En la Tierra de Jesús no hay Navidad

Publicado por Enviado el 04 Oct 2007 | Categoría: General, Filosofí­a y Religión, Nacionalismo, Derechos Humanos, Denuncias

Si bien esta nota es de la Navidad del 2002, cuando Israel bombardeó la Iglesia de la Natividad en Belén, la situación actual no ha variado prácticamente en nada, por lo que tranquilamente podría haber sido escrita ayer. 

Aún faltan cerca de tres meses para la Navidad. La razón por la que subí esta entrada es para que todos conozcan un poco más sobre Jerusalen, la Tierra Santa, y las históricas opresiones que sufrió el pueblo palestino a manos del enemigo de los pueblos libres.

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En la Tierra de Jesús no hay Navidad

Por: Suhail Hani Daher Akel
Ex-Embajador de Palestina en la Argentina 

Bethlehem-Belén, una ciudad milenaria que aparece citada 54 veces en La Biblia. Fue históricamente una ciudad Palestina. Fue la ciudad de la resistencia de los cananeos-filisteos (palestinos) contra la ocupación hebrea y romana, y la ciudad que permitió a David salvar su vida de mano de su hermano el rey de la ocupación Saúl, al refugiarse en la ciudad al resguardo de las fuerzas palestinas. El que luego de la muerte de Saúl, se convirtió en rey y combatió a los palestinos que habían salvado su vida desde Jerusalem a Belén.

Pero la ciudad cuyo nombre en el idioma arameo (antiguo idioma de los palestinos) significa Casa del Pan, tomó su fuerza y se convirtió en Ciudad Sagrada luego que Dios, la iluminara con el nacimiento del Salvador, el Príncipe de la Paz Jesús. Y desde ella, el palestino Jesús predicó a lo largo de toda la Tierra Palestina buscando la dignidad, el amor y la igualdad entre los hombres, convirtiéndola en la Tierra Sagrada. La tierra, en la que el pueblo palestino erigió sus grandes ciudades como Jerusalem, Belén, Hebrón, Gaza, Ramallah, Jericó, Jaffa, Haifa, Nablus, Nazaret y Galilea entre otras. Todas citadas en la Biblia.

Sin embargo, el mensaje no fue comprendido por los hombres y la Tierra de Jesús, de los Profetas, del Profeta Mohammed y los Grandes Sabios, lejos del amor y la igualdad predicada por Abraham, Jesús y Mohammed, fue la tierra del egoísmo, la cobardía y la destrucción de los colonialistas de turno, a la que el pueblo palestino sufrió y soporto hasta el día de hoy. Fue la tierra que vivió la confabulación romana-hebrea para la crucifixión del Príncipe de la Paz Jesús, quien murió cargando los pecados de la humanidad para remedirlos. Fue la tierra de las grandes confabulaciones donde el extranjero llegaba y pasaba por el filo de la espada al pueblo indígena. Tal como lo hicieron los antiguos hebreos al pasar por el filo de la cuchilla a los palestinos de Jericó, Jerusalem, Belén, Hebrón y Gaza, hasta los actuales israelíes que pasan por el filo de sus mísiles a los palestinos de esas mismas localidades y de todo el territorio de la Sagrada Palestina.

La Tierra de Palestina que mantuvo su nombre por más de cuatro mil años, sufrió en el siglo pasado una de las grandes injusticias que le aplico la humanidad. Una vez más, se encontró con su tierra partida y bajo la ocupación. Pero esta ocupación fue diferente al resto. Esta ocupación no respetó el nombre de Palestina y el nombre de su pueblo, Palestinos. Y borró desde 1948 en los Atlas la palabra Palestina e intento borrar a su pueblo palestino, tal como lo señalo la ucraniana-israelí Golda Meier: “Palestina, no hay nada que se llame palestinos” (Sunday Time 15/7/1969).

Y Belén cayó, como cayeron todas las ciudades palestinas entre 1948 y 1967. Pero Belén fue recuperada por los palestinos en las Navidades de 1995 y re-ocupada nuevamente por las fuerzas militares israelíes a partir de septiembre de 2000.

Durante ese suspiro de aire puro y esperanza de casi cinco años de la recuperación de Belén, la Ciudad Santa se embelleció y se recuperó la tolerancia religiosa, el amor y la dignidad que proponía Jesús. El Presidente Yasser Arafat, que promovió el Programa Belén 2000 para recibir junto a la humanidad el nuevo Milenio, no faltó nunca a la cita. Durante los cinco años, el Presidente Arafat participó junto a los feligreses cristianos en la Misa de Gallo, y en marzo de 2000 acompaño al Santo Padre Juan Pablo II, a recorrer por primera vez, como Papa, la Ciudad Sagrada y la Iglesia de la Natividad.

Conmovido el Santo Padre por tanta generosidad y por tanto dolor del pueblo palestino, les dijo a los niños del campo de refugiados de Deicheh en Belén: “Ustedes sufrieron demasiado y tienen el legitimo derecho a tener su propio país”.

En estos últimos dos años, la ocupación israelí destruyó a las ciudades palestinas recuperadas a partir de 1994. Entre ellas, a la Ciudad de Belén, donde no solo masacró a su pueblo palestino sino que violó los Lugares Sagrados de Cristianos y Musulmanes, quemó alguna de sus Mezquitas y en reiteradas oportunidades sus blindados dispararon contra la Iglesia de la Natividad, destruyendo a uno de sus principales y antiguos mosaicos, y le arrancaron un brazo a la estatua de la Virgen María.

La muerte y destrucción aplicada por Sharon durante el Mes Sagrado del Ramadán de 2002, con fuerte dosis de discriminación religiosa, privó a los musulmanes a orar en la Mezquita del Aksa en Jerusalem. Con la misma muerte y destrucción, y la misma discriminación religiosa en estas fiestas Navideñas, vedaron la entrada de los palestinos para orar en Belén y por segundo año consecutivo prohibieron al Presidente Yasser Arafat, concurrir a la Ciudad Sagrada de Belén para acompañar a su pueblo Cristiano en el rezo de la Misa de Gallo.

Esta actitud israelí acentúa la falta de tolerancia religiosa en la Tierra Santa, en la Tierra de las tres religiones monoteístas y devela el deseo que va desde los antiguos hebreos macabeos hasta los actuales israelíes de Judaizar a Jerusalem, Belén, Hebrón y toda la tierra de Palestina, intentando una vez más desplazar a su pueblo y arrojarlos al mar en un tercer exilio masivo.

Fuente: Página Digital

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