17 de octubre: Día de la Lealtad

Publicado por horacions el 17 Oct 2007 | Categoría: Polí­tica, Historia, Nacionalismo, Efemérides

17 de octubre de 1945, Día de la Lealtad

Puede que muchos crean saber sobradamente la historia que hoy nos ocupa, aunque los hechos del 17 de octubre no son tan popularmente conocidos como algunos creen.

A mediados del ‘45, las máximas organizaciones empresariales daban a conocer un manifiesto donde se criticaba duramente la política de reformas sociales emprendidas por el gobierno y exigían su revisión. Lógicamente, una rápida y enérgica reacción partió del sector sindical. Uno de las primeros en manifestar su apoyo al gobierno fue el Sindicato de Empleados de Comercio, y súbitamente su ejemplo cundió entre la mayoría de las organizaciones gremiales. Puntualmente, los trabajadores apoyaban al vicepresidente y ministro Perón.

La solidaridad para con el Secretario de Trabajo y Previsión se hizo efectiva en una manifestación, que tuvo lugar frente a esa Secretaría, a la que asistieron alrededor de 3.000 trabajadores.

Uno de los principales oradores dijo: “No estamos conformes con que se hable en nuestro nombre; vamos a hablar por nosotros mismos”.

El ambiente estaba caldeado y las internas militares dentro del mismo gobierno terminaron obligando al por entonces Coronel, Juan Domingo Perón, a retirarse de todos sus cargos. La respuesta no se hizo esperar, con Perón cumpliendo arresto militar, la semana del 9 al 17 de octubre fue decisiva.

Los sindicatos declararon una huelga de dos días, organizando una protesta tan contundente que terminaron reconfigurando el mapa político. Perón quedaba en libertad dada la presión ejercida por los sindicatos y comenzarían entonces las charlas para la concreción del partido que llevaría a Perón a la Presidencia y que luego él mismo se encargaría de desarticular dándole corta vida. El partido fue llamado Partido Laborista (vale aclarar que no todos los sindicatos apoyaban la candidatura de Perón, alcanza citar el ejemplo del poderoso gremio ferroviario de La Fraternidad, de tendencia comunista, que apoyo a la Unión Democrática, partido opuesto al Laborista), y dos meses después de la victoria electoral de mayo del ‘46 Perón anunciaba la unificación de todas las fuerzas que lo habían respaldado bajo el nombre de un nuevo partido llamado Partido Único de la Revolución, el cual poco después sería llamado por todos Partido Peronista.

Esta reorganización no sería bienvenida por algunos líderes laboristas; sin embargo, la manija ya tenía dueño y no fue casual la destitución del entonces Secretario de la CGT Luis F. Gay y el nombramiento en ese cargo de Espejo, al tiempo que Evita Perón se afianzaba en el, desde entonces, Ministerio de trabajo.

Así se daba comienzo a una nueva etapa histórica de nuestro país; una de las más importantes, controvertidas, interesantes, revolucionarias, significativas de nuestra Nación. El 17 de Octubre de 1945 marcó sin duda un antes y un después en la historia argentina, ese día en que todos aquellos muchachos peronistas, todos unidos, triunfaron.

Una movilización de trabajadores sin antecedentes hasta ese momento marcó, el 17 de octubre de 1945, una bisagra en la historia del país, que vio nacer en esa jornada a una nueva fuerza social que modificó definitivamente el mapa político de la Nación: el peronismo.

Las seis décadas que pasaron desde aquella fecha emblemática no borraron la vigencia de un movimiento de masas que se construyó sobre la imagen de Juan Domingo Perón y la devoción que despertó la mujer que lo acompañó en esa etapa de su vida, Evita.

El 17 de Octubre es hoy todavía un hecho que pocas veces más se repitió en la historia nacional. Más de 100 mil trabajadores -la mayoría llegados de los suburbios del Gran Buenos Aires, que crecía en esos tiempos aceleradamente- copó desde temprano la zona de la Plaza de Mayo con el reclamo de la libertad de Perón, que se encontraba detenido en la isla de Martín García por orden del presidente de facto, el general Edelmiro Farrell. El militar que desde la secretaría de Previsión Social, el ministerio de Guerra y la vicepresidencia de la Nación había instrumentado las nuevas leyes sociales que otorgaban a los trabajadores beneficios nunca antes conquistados, era duramente cuestionado por sus compañeros de armas. Era un país de 14 millones de habitantes, que recibía a diario miles de trabajadores con sus familias desde el interior, los cuales se instalaban en el creciente conurbano bonaerense en consonancia con el importante crecimiento del cordón industrial, que tenía ya más de 80 mil fábricas demandantes de mano de obra.

Desde la secretaría de Previsión Social, Perón había interpretado la necesidad de mejorar las condiciones de estos trabajadores y desde su propia ambición política dedicó gran parte de su gestión a otorgarles ventajas a los obreros, como el salario básico, aumentos progresivos por producción y beneficios sociales antes ignorados por el empresariado.

El entonces coronel Perón había llegado hasta la vicepresidencia del Gobierno de facto y ese crecimiento “desmedido” fue el motivo por el cual un grupo de militares más refractario a esos cambios realizó una movida para “cortarle las alas”.

Una semana antes del 17, los integrantes de la Escuela Superior de Guerra donde se encontraban aquellos que no veían con buenos ojos a Perón, decidieron levantarse contra el Gobierno exigiendo la renuncia a todos sus cargos y el pase a retiro, algo que el mismo coronel escribió de puño y letra. Perón, junto a su pareja desde hacía más de un año, Evita, aceptaron entonces una invitación de un militar amigo y se instalaron en una isla del Tigre, mientras el gobierno de Farrell anunció elecciones democráticas para el 7 de abril de 1946. Sin embargo, la presión de los militares rebeldes hizo que el 13 de octubre Perón fuera detenido en el Tigre y trasladado posteriormente a la isla Martín García, previo paso por la cañonera Independencia, anclada en el puerto de Buenos Aires.

Esta novedad hizo estallar movilizaciones espontáneas de trabajadores, que desde Avellaneda, Berisso y otra zonas se comenzaron a movilizar hacia el centro porteño; también hubo convocatorias en Rosario y La Plata.

El 16 de octubre, la conducción de la CGT, junto a otros sindicatos autónomos, se reunieron para reclamar al Gobierno que se respetaran las conquistas sociales de los trabajadores y se dispusiera la libertad inmediata de Perón. Ante la repuesta negativa de un Gobierno que se encontraba sin Gabinete y al borde del colapso, se determinó una huelga de 24 horas a partir de la medianoche del 18 de octubre, al tiempo que la Policía se trenzó en una batalla campal con cientos de manifestantes que desde Avellaneda habían logrado llegar hasta el barrio de Barracas.

Por recomendación médica -la humedad de la isla afectaba los bronquios del coronel- Perón fue trasladado en la madrugada del 17 al Hospital Militar, lugar donde estuvo hasta casi las 17, cuando el presidente Farrell lo hizo llamar desde la Casa Rosada. Cuando el Gobierno y los militares se dieron cuenta de que no podrían dispersar a los miles de manifestantes que estaban en la Plaza, cedieron terreno y dejaron la puerta abierta para que el nuevo líder popular que nacía en esa horas enfrentara por primera vez, desde el balcón de la Casa Rosada, a una multitud que lo aclamaba. Perón salió a ese escenario luego de las 23 de aquel 17 de octubre, para dar pie a un ritual que se repetiría decenas de veces más hasta su despedida el 12 de junio de 1974, y desde allí, en el primer acto fundacional del movimiento peronista.


DISCURSO DEL CORONEL PERON El 17 de octubre de 1945, a las 23 hs. desde el Balcon de la casa Rosada

“Trabajadores: hace casi dos años dije desde estos mismos balcones que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino. Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del Ejército. Con ello, he renunciado voluntariamente al más insigne honor al que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la Nación. Ello lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón, y ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino.

Dejo el sagrado y honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y mezclarme en esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria. Por eso doy mi abrazo final a esa institución, que es el puntal de la Patria: el Ejército. Y doy también el primer abrazo a esa masa grandiosa, que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino.

Esto es pueblo. Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la Patria. Es el mismo pueblo que en esta histórica plaza pidió frente al Congreso que se respetara su voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda estremecer a este pueblo, grandioso en sentimiento y en número. Esta verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha, ahora también, para pedir a sus funcionarios que cumplan con su deber para llegar al derecho del verdadero pueblo.

Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria.

Hace dos años pedí confianza. Muchas veces me dijeron que ese pueblo a quien yo sacrificara mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien lo ayuda. Por eso, señores, quiero en esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclarme en esta masa sudorosa, estrecharla profundamente en mi corazón, como lo podría hacer con mi madre. Que sea esta unidad indestructible e infinita, para que nuestro pueblo no solamente posea una unidad, sino para que también sepa dignamente defenderla.

¿Preguntan ustedes dónde estuve? ¡Estuve realizando un sacrificio que lo haría mil veces por ustedes! No quiero terminar sin lanzar mi recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros hermanos del interior, que se mueven y palpitan al unísono con nuestros corazones desde todas las extensiones de la Patria.

Y ahora llega la hora, como siempre para vuestro secretario de Trabajo y Previsión, que fue y seguirá luchando al lado vuestro para ver coronada esa era que es la ambición de mi vida: que todos los trabajadores sean un poquito más felices. Ante tanta nueva insistencia, les pido que no me pregunten ni me recuerden lo que hoy ya he olvidado. Porque los hombres que no son capaces de olvidar, ni merecen ser queridos y respetados por sus semejantes. Y yo aspiro a ser querido por ustedes y no quiero empañar este acto con ningún mal recuerdo.

Dije que había llegado la hora del consejo, y recuerden trabajadores, únanse y sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa Patria, en la unidad de todos los argentinos. Iremos diariamente incorporando a esta hermosa masa en movimiento a cada uno de los tristes o descontentos, para que, mezclados a nosotros, tengan el mismo aspecto de masa hermosa y patriótica que son ustedes. Pido, también, a todos los trabajadores amigos que reciban con cariño éste mi inmenso agradecimiento por las preocupaciones que todos han tenido por este humilde hombre que hoy les habla. Por eso, hace poco les dije que los abrazaba como abrazaría a mi madre, porque ustedes han tenido los mismos dolores y los mismos pensamientos que mi pobre vieja querida habrá sentido en estos días.

Esperamos que los días que vengan sean de paz y construcción para la Nación. Sé que se habían anunciado movimientos obreros; ya ahora, en este momento, no existe ninguna causa para ello. Por eso les pido, como un hermano mayor, que retornen tranquilos a su trabajo y piensen. Y hoy les pido que retornen tranquilos a sus casas, y esta única vez, ya que no se los puedo decir como secretario de Trabajo y Previsión, les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esa reunión de hombres que vienen del trabajo que son la esperanza más cara de la Patria.

He dejado deliberadamente para lo último, el recomendarles que antes de abandonar esta magnífica asamblea, lo hagan con mucho cuidado. Recuerden que entre todos hay numerosas mujeres obreras, que han de ser protegidas aquí y en la vida por los mismos obreros; y finalmente, recuerden que estoy un poco enfermo de cuidado y les pido que recuerden que necesito un descanso que me tomaré en el Chubut ahora, para reponer fuerzas y volver a luchar codo a codo con ustedes, hasta quedar exhausto si es preciso. Pido a todos que nos quedemos por lo menos quince minutos más reunidos, porque quiero estar desde este sitio contemplando este espectáculo que me saca de la tristeza que he vivido en estos días.” - General Juan Domingo Perón, Presidente de la Argentina y Líder del Movimiento Nacional Justicialista.

2 Respuestas a “17 de octubre: Día de la Lealtad”

  1. el 26 Oct 2007 - 5:25 pm Damian dice …

    Esas son las palabras fundacionales del gran movimiento de masas que fue el peronismo, el que bien pudo llevar a la grandeza, y hasta por unos años tuvo la osadía de hacerlo, al pueblo y al estado argentino.

    Un reconocimiento más, desde aquí, a quien fuera el Primer Trabajador Argentino.

    Salud, Camaradas!!!

    D.

  2. el 23 Jun 2008 - 1:56 pm PINEDO dice …

    LA FECHA MÁS IMPORTANTE POR SER LA RENOVACIÓN ESTANDO
    SIEMPRE JOVEN Y NUEVO ASI CONCRETADOS POR LA REALIDAD
    EN VIVO. ESTE 17 DE OCTUBRE SIEMPRE SIGNIFICATIVO
    CONSIDERADO,VALORADO,ESTIMADO,BENDECIDO,BENIGNO CON
    MUCHAS OTRAS CUALIDADES DESDE ESTA FECHA HACIA LOS
    BENEFICIOS A OTRAS PERSONAS HONOR Y PUNDONOR.

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