Marí­a Eva Duarte nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Cuando Evita tení­a seis años, se mudó junto a su madre y sus cuatro hermanos a Juní­n, donde permaneció hasta 1935.

Se sentí­a asfixiada por el ambiente pueblerino y entonces, con tan sólo 15 años, decide mudarse a Buenos Aires. Sola, sin recursos, se enfrenta con un mundo hostil y duro, cuyas reglas desconoce. Pero triunfa: llega a ser actriz de cierto nombre y a encabezar un programa de radio muy escuchado.

Pero su destino era otro. En enero de 1944 Eva Duarte conoce al entonces Coronel Juan Domingo Perón, en un festival que la comunidad artí­stica realizaba en beneficio de las ví­ctimas de un terremoto que habí­a destruí­do la ciudad de San Juan pocos dí­as antes.

Al mes siguiente ya viví­an juntos, y dos años más tarde formalizarí­an la relación, contrayendo matrimonio en una ceremonia í­ntima y que no trasciende al público.

Cuando Perón fue detenido en octubre de 1945, ella junto a un grupo de dirigentes gremiales organizó la movilización social más importante de la historia argentina, el 17 de Octubre. Con la misma logró la libertad de su esposo y se comenzó a constituir rápidamente la estructura polí­tica para competir en los comicios presidenciales.

Perón fue candidato por el Partido Laborista, y se enfrentó a la autodenominada “Unión Democrática”, una coalisión compuesta por la Unión Cí­vica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y los liberal-demócratas. La UD atacaba a Perón bajo las mismas consignas con que fue combatido Hitler en Alemania y Mussolini en Italia, pues veí­an en este Lí­der Nacionalista una esencia similar a la de aquellos grandes conductores europeos. En todos los actos antiperonistas el eslogan era “Contra el Eje Nazi-Fascista”, y los oradores de la UD hablaban en escenarios cubiertos por enormes banderas de Inglaterra, EE.UU. y la Unión Soviética.

En febrero de 1946, después de una campaña electoral en que la presencia de Evita fue determinante, Perón es electo presidente. La oposición le trasladó a ella el odio y el rechazo que sentian por Perón. La ascensión vertiginosa de “esa mujer” fue para esos sectores antinacionales un motivo más de repudio.

En su rol de primera dama, Eva Perón desarrolló un trabajo extraordinario e intenso, tanto en el aspecto polí­tico como en el social. En cuanto a la polí­tica, logró que se legalizara el voto femenino, una conquista histórica, y fue organizadora y fundadora de la rama femenina del peronismo. Esta organización se formó reclutando mujeres de distintas extracciones sociales por todo el paí­s. Las dirigentes de la nueva agrupación recibieron el nombre de “delegadas censistas”.

En el aspecto social, su labor se desarrolló en la Fundación Eva Perón, mantenida por contribuciones de empresarios nacionalistas y por donaciones que muchos trabajadores hací­an voluntariamente de sus sueldos. Creó hospitales, hogares para ancianos y madres solteras, policlí­nicos, escuelas, una Ciudad Infantil. Socorrí­a permanentemente a los necesitados y organizaba torneos deportivos infantiles y juveniles.

El otro eje de su popularidad fue constituí­do en torno a los dirigentes obreros y a su facilidad y carisma para conectarse con las masas trabajadoras, a quienes ella llamaba sus “descamisados”.

Eva Perón falleció el 26 de julio de 1952, cuando sólo tení­a 33 años, por una leucemia. El velatorio duró 14 dí­as y fue un evento donde la congoja popular alcanzó dimensiones jamás vistas en la historia del paí­s. Ciudadanos de todo el territorio y de todas las condiciones sociales llegaron para darle su último adiós, y convirtieron a Evita en uno de los sí­mbolos máximos de la Argentina.

Enérgica y combativa, no cesó de atacar a los traidores, y una de sus frases más famosas define el perfil de esta inmortal y auténtica Nacionalista:

“La Patria dejará de ser colonia o la bandera azul y blanca flameará sobre sus ruinas”.